lunes, 3 de noviembre de 2014

Cultura Organizativa



Mucho se ha hablado en los últimos años sobre la cultura organizativa como elemento diferenciador de las empresas  que obtienen los mejores resultados.

En cualquier caso, lo primero que conviene precisar es a qué nos referimos cuando hablamos de cultura. No hablamos de la simple declaración de principios, a menudo grandilocuente y escasamente diferenciadora que suele figurar en los manuales de identidad corporativa.

Desde mi perspectiva, la cultura organizacional se manifiesta a través de los comportamientos de las personas que forman la empresa, y recoge elementos tan cotidianos como la forma en la que se toman las decisiones, las relaciones con los clientes y el mercado, la relación entre colaboradores y estos con Dirección. La predisposición a asumir riesgos y aceptar errores, la iniciativa e innovación  demostradas, etcétera.


La cultura así entendida representa una característica verdaderamente singular  de cada entidad, incorpora todo un conjunto de aspectos fuertemente arraigados en la forma de proceder de las organizaciones  que resultan observables y a la vez intangibles y por tanto mucho más difícil de gestionar que los productos, los sistemas o la estructura organizativa.

El gran interés que despierta la cultura hoy en día es esa dificultad para gestionarla, la percepción como un poderoso factor de resistencia al cambio y por su impacto en la rentabilidad de la empresa a largo plazo.

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